Sabrina se acercó a Calytrix con el ceño fruncido: —No olvides tu lugar, aldeana.
—Yo no...
Sabrina interrumpió a la morena: —Lo eres, indudablemente, Calytrix. Si no fuera por mi familia, a estas alturas estarías corriendo detrás de desconocidos, ya sea pidiendo limosna o buscando limpiarles sus zapatos evidentemente limpios.
—Argumentar con una torpe no tiene sentido —observó Calytrix, haciendo que Sabrina montara en cólera e intentara golpearla.
Pero Calytrix le atrapó la mano y la empujó, h