34. Estoy rota
Lentamente aflojo el agarre que tengo sobre su cuerpo y doy un tentativo paso hacia atrás para liberarlo y es así como veo como el cuerpo de Malcom se gira y en menos de dos segundo tengo esos hermosos ojos azules viendome con fijeza.
Recorren cada centímetro de mi rostro, deteniéndose en mis lágrimas que corren libres por mis mejillas, hasta que terminan fijos en los míos, su mirada parece menos enojada que hace un momento, pero sigue pareciendo distante y Dios como lo odio.
—Lo lamento— vuel