Julia se levantó temprano como siempre, lo primero que hizo fue ir directamente a la habitación de sus pequeños hijos.
—¡Mamita! —dijo Victoria abrazándola con fuerza de la cintura.
—¿Cómo me llamaste? —preguntó Julia con sus ojos a punto de caer el llanto.
—Mamita, ¿Acaso te molesta Julia?, Si te molesta te juro que no te volveré a llamar así —dijo la pequeña Victoria separándose de Julia.
—Al contrario, princesa, no sabes, pero me haces muy feliz, no sabes lo feliz que me has hecho, tu sabes