Julia llegó a casa, estacionó su auto y mientras bajaba a oprimir el botón para ingresar a la mansión, sintió que alguien la observaba.
—¡Hola hermosa! —Julia giró su cuerpo al escuchar la voz de Ángel detrás de ella.
—Hola Ángel, ¿Qué haces aquí, y a esta hora? —preguntó Julia, mirando el enorme ramo de flores rojas que Ángel traía en sus manos.
—Solo venía a verte y atraerte tu ramo de rosas diario —respondió con un beso en la comisura en sus labios.
—Si me sigues dando tantas rosas no voy a