El sol empezaba a colarse por las cortinas de la habitación, en la cual se podía apreciar dos cuerpos que estaban abrazados y seguían durmiendo de forma pacífica, el silencio era tan agradable y tan acogedor que hasta las mascotas de la pelinegra seguían durmiendo en su jaula.
Pero desgraciadamente nada dura para siempre, ya que en ese momento alguien interrumpió esa calma entrando a la habitación y azotando la puerta en el proceso.
- Buenos días Anton… - empezó a hablar un joven de cabello bla