94. Arreglo
Me recosté en el asiento de cuero, mis ojos recorrieron el menú de comida en busca de alguna oferta que pudiera resultarme interesante. La verdad es que fue una completa perdida de tiempo pero el hecho de ver la cara de Amanda tornarse cada vez más asqueada hizo que mi humor mejorara en cuestión de segundos. Quería hacerle sentir como la basura que era y en parte devolverle la asfixia que ella suponía para mi.
No puedo evitar pensar en qué habría sido de mi de haber tenido una hermana pequeña.