— ¡¿Quién te mandó meterte en mi habitación?! — vocifera, señalando los estantes vacíos, el armario abierto con solo algunas prendas colgando.
— Pensé que podría arreglar aquí también... — me hago la tonta, parpadeando.
Él entrecierra los ojos, la rabia evidente en cada línea de su rostro.
— No es posible, estás haciendo todo esto a propósito, ¿verdad? Esa comida horrible, la forma en que me irritas, el desorden que has estado haciendo en este apartamento y cuando trajiste a tu hermana, hicis