En el avión particular en donde dormían de cansancio después de una sesión de sexo con amor, los nuevos esposos, ambos con sus semblantes tranquilos, sin pesadillas, sin sobresaltos, hasta que resonó con insistencia el micrófono del avión anunciando la llegada al primer destino de su luna de miel.
«Hola, buenos días, hemos llegado a París, primer lugar para disfrutar su luna de miel, amo Alexander y ama Jessa, Bienvenidos»
Ambos despertaron ante el insistente sonido continuo de la voz del pi