Lo primero que ella hacía al entrar al baño era muy simple y cotidiano, y era lavarse los dientes, la cara y peinarse, pero ese día no pudo evitar mirarse a el espejo, donde justamente se veía la enorme y horripilante cicatriz de un color más claro y arrugado que su piel natural, desde el acontecimiento pasado no se haía atrevido a siquiera mirarse al espejo, cada vez que estaba cerca de uno, se alejaba como si este irradeara algún veneno toxico y mortal para ella.
De pronto sintio unos braz