ESPERANZA
El ruso me mira iracundo, todavía sosteniendome con fuerza, ejerce más presión en mí muñeca. De repente toma mí mandíbula con violencia escupiendo a unos centímetros de mí rostro–No vuelvas a tocarme y menos a atreverte a golpearme, por que.. olvídare que eres mi esposa y te haré pagar muy caro.
Me libera con brusquedad y sacude sus manos como si le diera asco mí tacto. Se encamina hacia el baño y azota la puerta detrás de el.
Le grito furiosa–si anda.. ¡vete troglodita, poco hombr