No le importaba más, que, si ella quería jugar este juego, entonces serian dos, que estúpido había sido pensando que cambiaria, que iluso estaba al pensar que ella lo amaría, todo el espejismo se estaba aclarando.
Mantuvo su vista al frente, mientras la mujer subía al vehículo.
-Al aeropuerto por favor, y si mi esposa se desea regresar luego de que paremos en él, llévala donde ella desee- Le indico al conductor, quien asintió en el vidrio retrovisor.
Pudo sentir como la mirada de la pelinegra l