Se levantó bruscamente y salió de la habitación, dirigiéndose a ciegas hacia la cocina. Allí se quedó de pie en medio de la estancia, respirando grandes bocanadas de aire. Debería haber sabido que él la seguiría incluso allí, porque cuando se giró hacia la puerta de la cocina, ahí estaba él, observándola. Lucía espléndido con su versión de ropa casual: unos vaqueros azules desgastados y una camisa negra con el botón superior abierto, que revelaba la fuerte y masculina columna de su cuello.
—¿Po