Los paramédicos llegaron rápido.
Envolvieron a Maya con una manta. Ella no lo sintió.
Sus ojos estaban en el teléfono. En el rostro de Nan. En las cadenas.
“Necesitamos llevarla a un hospital,” dijo un paramédico.
Maya no respondió.
Marcus sostenía a Leo. El niño estaba en silencio. Traumatizado. Su pequeño cuerpo temblaba contra el pecho de Marcus.
“¿Dónde está Nan?” preguntó Marcus, leyendo el rostro de Maya.
“No lo sé,” dijo Maya.
Su voz sonaba vacía.
El capitán se acercó. Su uniforme estaba