55. Soy Arlene.
Arlene se sonrojó levemente y es que había que reconocer que Gregory podía ser muy seductor sin tan siquiera proponérselo, o tal vez si se lo estaba proponiendo, la cuestión es que aquello le molestó y estaba todavía más molesta consigo misma por ese resquicio de celos.
— Soy Arlene— se presentó la chica y Gregory cómo buen italiano se acercó y le dio dos besos, uno en cada mejilla, era algo muy corriente en varios lugares de Europa, entre ellos Italia, pero no en Nueva York, allí lo más normal