123. Amo a su hija
—Sí, amo a su hija— fue la respuesta que Gregory dio a su suegra.
La sonrisa de Bianca se agrandó y caminó hasta el vestidor que era tan grande como la misma habitación, incluso dentro de esta había un sofá en medio y toda una pared de espejos.
— Has visto este enorme armario, a Chiara va a encantarle— se sentó en el sofá y palmeó el espacio a su lado para que se sentara con ella. — Ven aquí, ¿Puedo confiar en ti, Gregory? ¿Puedo contarte algo y que quede solo entre nosotros?
Tal vez hubiera al