— Enrico no va a perdonarnos que no le permitiéramos venir a recogernos al aeropuerto— Aseguró la señora Marchetti bajando la escalera de su Jet privado, con una enorme pamela que cubría su blanca piel del sol y unas gafas oscuras que protegían sus sensibles ojos de la luz.
— Enrico está demasiado ocupado adelantando su boda para preocuparse por nosotros. — Aseguró Leandro Marchetti tomando la mano de su esposa y acompañándola hasta la limusina que los esperaba a pie de pista.
Ella ya no dijo n