Nadie pronunció una sola palabra.
En la pantalla, el rostro de la madre de Stephanelle seguía congelado. Sus últimas palabras aún resonaban en la habitación.
«No confíes en él.»
Stephanelle giró lentamente la cabeza hacia su padre.
Su corazón latía a toda velocidad.
—¿Por qué?
Stephen bajó la mirada.
—Puedo explicártelo.
—¡Entonces explícamelo!
Su voz tembló a pesar de ella.
Se pasó rápidamente una mano por la mejilla para secarse una lágrima.
—Desde que te encontré, no has dejado de decirme qu