RUPERT
Tenso el cuerpo, cansado de maquinar mis siguientes pasos. La rubia no debió haber vuelto; debió haberse quedado en la cueva donde se escondió por dos años. Hace tres horas que llegué al bufete, el hecho de no poder dormir acelera mi pulso y me pone de mal humor. Sin embargo, lo que más rabia me da es que la culpable sea la rubia de ojos grises; jamás me di cuenta de que usaba lentillas para ocultar el verdadero color de sus pupilas.
Observo todo desde el enorme ventanal de mi oficina. E