Capítulo 40
PUNTO DE VISTA DE ROOSEVELT
—No has tocado tu vino, Roosevelt.
Parpadeé, apartando la mirada de la vela parpadeante sobre la mesa. Miré al otro lado del mantel blanco hacia Mateo. Sonreía, bastante apuesto con su traje entallado, pero sus ojos estaban enfocados por completo en mí.
—Lo siento, Mateo —dije, forzando una sonrisa amable. —Solo me estoy moderando; ha sido una semana muy larga.
—Estás a un millón de kilómetros de aquí —se rio Mateo con suavidad, inclinándose hacia adelant