El sonido de los aparatos ya se había vuelto insoportable para Doris, que no se apartaba de la orilla de la cama de Hector desde hacía días. Ya había pasado una semana desde que él fue internado y, aun así, ninguna señal de mejoría. Ningún movimiento, ninguna reacción. Solo su silencio y el bip constante, que le hacía sentir como si el tiempo estuviera congelado.
Sentada al lado de la cama, ella sostiene su mano con cuidado, como si ese simple contacto pudiera protegerlo de todo el mal que lo h