Queriendo desesperadamente desviar el foco de su hija, Margot carraspea fuerte, exagerando una tos falsa para llamar la atención.
—Llevamos horas aquí y nada de que sirvan la cena… —comenta, con una sonrisa forzada, pero con tono de crítica. —Además, parece que tu esposa no nos va a acompañar, ¿verdad, Hector?
La provocación es clara.
Pero, acostumbrado a las indirectas de su tía, Hector simplemente sonríe con encanto y calma.
—Ella vendrá, no te preocupes —responde, con voz tranquila. —Tuvimos