En el coche, Rafa se sentía extraña, al lado de Tácio. Hacía tanto tiempo que no conversaban nada, que ella no conseguía decir siquiera una palabra.
—Perdón por tardar —dijo Tácio rompiendo el silencio incómodo que estaba alojado allí.
—No tardaste —respondió ella.
—¿Cómo que no? Apenas saliste de t