En la habitación del hospital, reinaba el silencio. El reloj marcaba pasada la medianoche y la tía de Charlotte aún no había llegado.
Sumido en sus pensamientos, consideró llamar a su novia para contarle lo que estaba pasando, pero se dio cuenta de que ese tipo de cosas no deberían decirse por teléfono. Además, desde la última vez que la llamó, no había recibido ninguna novedad, y hablar con ella, notando su indiferencia y frialdad, lo angustiaba aún más.
Estar allí le provocaba sentimientos des