45. No confíes en nadie
Un segundo después, cuando las palabras de Norelie le cobran la palidez hasta en sus labios, Elena abre la puerta de la oficina.
Al instante, lo qué sus ojos ven es a la misma mujer de siempre. Norelie es una mujer demasiado bella cómo para quitar la mirada, y está sentada en su escritorio, cuyo lado da hacia la ventana panorámica. El azul cielo qué brinda la imagen no hace contraste con lo qué siente.
Norelie escucha la puerta, y aún con el teléfono en la oreja se gira.
Ambas se observan