Siendo misericordioso

Sus cejas se arquearon y las profundas arrugas de su frente hicieron que su estómago se revolviera agonizantemente.

—Me odias. ¿Eh? —reflexionó sarcásticamente.

Ella trató de menear la cabeza, pero su agarre no se lo permitió. Sus dedos se hundieron en su suave carne.

Draco se inclinó más sólo para que su cuerpo se tensara y su nariz se arrugara cuando inhaló a Víctor sobre ella.

—¡Mierda! ¡Apestas a él! —el castigó con amargura, lo que hizo que ella retrocediera—. Gwet owff mwe —forzó palabras
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