Humana o no, era una mujer.
—¿Qué? —ella lo miró confundida.
—Dije, suelta tu cabello —apretó y ella frunció el ceño.
Él no la dejó reflexionar sobre sus palabras mientras sacaba el alfiler y sus largos y sedosos mechones caían en cascada por su espalda cubriendo su espalda desnuda de los ojos pecaminosos.
Se quedó mirando el alfiler en sus manos con frustración. ¿Qué carajo le pasaba?
Un grupo de hombres se le acercó y él se entregó suavemente a la conversación.
Flor estaba nerviosa. Sus ojos seguían saltando de un lado