Capítulo 65.
Él, con el desdén lleno de coraje, la arroja contra el suelo.
—No, no… lo siento. Perdóname, por favor, ¡por favor, Carlos! Ese fue un momento muy oscuro.
— ¡Desgraciada! —dice el rugiendo por la furia que sentía, en su honor, su hombría, su imagen ante los demás, se aleja con paso decidido y comienza a caminar de un lado a otro como un león enjaulado.
—Dime, dime, ¡dime ¿por qué? ¿por qué? —grita.
— ¿Cómo iba a decirte? ¿Cómo iba a decirte? Que tenía un cachorro de...
— ¡Maldita puta! — Con