AMÉRICA
Mis ojos se quedan clavados en un par de esmeraldas brillantes, el hombre que permanece muy cerca de mi rostro, hace que la piel se me erice, tengo la sensación de que lo conozco, pero… al mismo tiempo me da miedo.
—¿Quién eres tú? —repito.
Siento la garganta algo ronca, me duele al momento de hablar, no sé dónde estoy, intento incorporarme, no puedo hacerlo, me veo conectada a un montón de máquinas y entro en pánico.
—¿Qué hago aquí? —me altero—. ¿Qué es todo esto?
Mi corazón late