Capítulo Treinta

Erica

Desperté en el sofá.

Eso no era inusual. Lo inusual era la manta bien arropada sobre mí, la lámpara apagada y ninguna señal de quién había hecho cualquiera de esas cosas.

Potato estaba en su cojín de la esquina. Sin inmutarse.

—¿Al menos se despidió de ti? —le pregunté.

Ella me ignoró por completo.

Me senté, revisé mi teléfono. No había llamadas perdidas. Ningún mensaje explicando adónde se había ido. Solo la conversación de la noche anterior seguía allí, en la parte superior de la pantal
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