Ambos vieron hacía donde estaba y sin perder tiempo ambos corrieron hacia mi llorando.
—debemos ser fuertes. —musite abrazandolos.
—¡porque ella!...
Deje que mis hijos se desahogaran en mis brazos hasta que se durmieran después de calmarse. Los dejé en la habitación y bajé mientras veía a Max conversar con el oficial que estaba en la salida.
—¿cuando llegaron?. —pregunté.
—Lucas, estuviste encerrado toda la tarde y noche, cuando llegamos tu empleada estaba preocupada ya que te habías encerrado