En un elegante salón de eventos, adornado con luces cálidas y flores blancas que llenaban el aire con su fragancia. Los invitados, vestidos con sus mejores galas, reían y conversaban animadamente, disfrutando de la música suave que tocaba la banda en vivo.
Lina por fin dejó de sentir que su cabeza se le caería, por lo que animó a Johan a salir a la pista de baile. Este se rehusó de inmediato, sabiendo que estar entre tanta sofocación solo realizaría su poco interés por congeniar con alguien.