—Me reclamas a mí como si no hubieses hecho lo mismo. —dijo Ever al entrar a la oficina, soltando el periódico que dejó sobre la mesa. —No sé cuántos mensajes dejé para disculparme en tu contestadora y tú…
—Y yo me estaba revolcando con el socio de mi padre. —acomodó el bolígrafo en su sitio. —Ya lo dijiste, ahora vete.
—¿No lo negarás? —ni siquiera se alteró con su pregunta.
—¿Para qué? ¿Eso subirá los dígitos en mis cuentas bancarias? Subirá las de los periodistas, no los míos. —Génesis apo