Capítulo 63.
—No tengo un disparo limpio. —Vladimir advirtió con voz firme.
Su ojo permanecía fijo en el lente del rifle mientras recorría el área en busca de una oportunidad. Sin embargo, no encontró un ángulo adecuado para disparar.
Génesis se apretó contra la pared, su compañero, el hombre que acompañaba a Anthony, permanecía inmóvil, esperando la señal.
Los monegascos eran conocidos por una sola cosa: su letalidad. Cada respiración suya parecía ser parte de una maniobra de ataque. Tomarlos por sorpresa