57- Romina
Comencé a trabajar y una hora después llego Mónica, venía roja como un tomate y apurada, se metió en su oficina y puse la vista en otro lado cuando recordé a Jacob y a mí en esa oficina.
—Hola, hola, buenos días— me saluda con dos vasos de cartón en la mano.
—Al fin llegas, Mon— le dije en cuanto la vi— buenos días, ¿se te pegaron las sábanas?
—¿Yo? Yo llevo aquí desde hace dos horas —pone una sonrisa taimada en su rostro— llegué a tiempo para espectáculo.
—De que espectáculo hablas