Madeleine llevaba menos de una hora en su nueva oficina y, aun así, ya había reorganizado tres veces las fotografías sobre su escritorio.
El problema no eran las fotografías. Era Harrison Blackwell.
La aparición de Harrison en la reunión de aquella mañana había alterado la concentración de Madeleine más de lo que ella quería admitir. Cada vez que intentaba concentrarse en los informes que esperaban su atención, terminaba recordando la sala de juntas. Recordando la manera en que todos habían ced