Me dirijo hacia la salida mientras Camilo, furioso, se levanta intentando alcanzarme. El dueño del restaurante lo agarra del cuello de la camisa y le pregunta —¿No vas a pagar?
—Que pague mi esposa, yo no tengo dinero —responde señalándome con el rostro enrojecido.
Me doy la vuelta y le respondo —Quien ordena es quien paga, además ya solicité el divorcio, así que no soy tu esposa.
Mientras me dirijo a la calle para tomar un taxi, veo cómo el dueño sigue sujetando firmemente a Camilo. Al llegar a