Había pasado una semana desde que Alice había caído en coma, siete largos días de preocupación, oración y esperanza de que despertara de esta pesadilla. Pero aún así, no había ningún cambio.
Cada vez que iba al hospital a verla, mi estómago se revolvía. Odiaba lo indefensa que se veía, y no podía hacer nada excepto esperar que despertara.
Mi mamá estaba bien ahora, y nos turnábamos para cuidar de Alice. Hoy me tocaba a mí, mientras mamá se quedaba con los niños. Lily y Eddie habían estado con n