Estaba de pie junto a la ventana, mirando la ciudad abajo. Las calles estaban vivas como siempre, coches tocando la bocina, gente siguiendo con su vida cotidiana, pero aquí estaba yo, inquieto. Mi mente no me dejaba concentrarme en el trabajo sabiendo que Alia estaba cerca. Había dicho que quería darle algo de tiempo para sanar, pero mi deseo egoísta estaba sacando lo mejor de mí. Quería conocer a los niños.
Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.
“Adelante,” dije, caminando de regre