El viaje en coche a la casa de mi madre fue borroso. Apenas recordaba cómo había llegado. Mi mente estaba atrapada en una sola cosa: la verdad. Todo lo que Priscy había dicho seguía repitiéndose en mi cabeza, una y otra vez. Se sentía como si hubiera una guerra dentro de mí, mis pensamientos chocando entre sí, negándose a calmarse.
El primer lugar donde necesitaba buscar respuestas era aquí.
Aparqué el coche frente a la casa y salí corriendo de inmediato, dejando la puerta medio abierta.
“¡Mamá