—¿Por qué?... —pregunté en un murmullo roto mientras sentía que algo muy profundo y doloroso se rompía dentro de mí, destrozando las pocas fuerzas que me quedaban—. ¿Qué demonios te he hecho yo a ti para que me trates de esta manera tan cruel y despiadada?.
Él no se inmuta ante mis lágrimas; se limita a quedarse estático frente a mí y no me quita sus gélidos ojos oscuros de encima ni un solo segundo. En el fondo de mi alma, sabía perfectamente que no me respondería nada con sentido y que, muy pr