Tres meses después
Tomando un respiro, Kate se alisó la blusa blanca con nervios, el material sedoso extrañamente reconfortante bajo la palma de su mano. El olor almizclado del palacio de justicia le irritaba las fosas nasales, madera vieja y cuero mezclados con espesas nubes de colonia, que emanaban de los hombres vestidos con trajes rígidos cuando pasaban junto a ella, sus zapatos repiqueteando contra el suelo de linóleo. Inclinándose hacia atrás, apoyó la espalda contra la pared de cemento d