Cap. 26 ¡Sorpresa! Y fin
Priscila estaba arreglando lo de la boda de su hijo; era un evento trascendental, su hija la miraba enfurruñada.
—¿En verdad estás de acuerdo con esto?
—Sí.
—¿Por qué?
—Es una gran chica, tiene talento y ama a tu hermano.
—Por su dinero.
—No todo es dinero, cariño.
Ella giró sobre sus pies y llamó a Eduarda.
—¿Qué haces?
—Me divierto, salgo con mi terapista, es rico.
—¿Vas a dejar que mi hermano se case con esa lagartona?
—Querida, es que tu hermano anda de vago y eso no va conmigo.
—No podré co