Alcancé la barra de chocolate, sentí que había obtenido el mejor premio, mi cuerpo se emocionó y mi mente se tranquilizó, ahora podía disfrutar de un chocolate. Hasta que fui sorprendida nuevamente.
—¡No, que no eres, una ladrona! —cerré los ojos, me tambalee y me desplome.
—¡Te tengo! Eres tan torpe, no sé cómo es que continúas viva. —él no permitió que cayera al suelo, hizo que mi cuerpo se estabilizara en la silla— Que esperas, agarra bien el chocolate para que bajes, pesas demasiado.
Tome