Al día siguiente Sara se levantó con más ánimos, se mentalizó que con llorar no iba a solucionar nada, una luz volvió a surgir en su interior, junto con su nana se sentaron en la sala, suspiraron las dos y se rieron porque ya llorar no se puede. La nana le acaricio su mano para darle ánimos y marco el número del médico que un día le dijo que contara con él.
—Halo, buenos días, con quien desea hablar.
—Con el doctor.
—Es una paciente o es primera vez que llama al consultorio del doctor Lendos