25 de diciembre de 1741
El corazón de Catherine late tan desesperado que es lo único que puede escuchar en sus oídos. Lleva una mano a su pecho tratando de regular su respiración agitada, sabe que la pueden escuchar en cualquier momento. Escucha los pasos justo por encima de ella. Por instinto recoge más los pies y se pone en posición fetal, apretándose contra el hueco donde está metida. La tierra suelta que se desprende de la colina cae como una lluviecita a sus pies, ensuciándole la cara y el