Me desperté con la luz del sol entrando por la rendija de la cortina de la habitación.
Me levanté de la cama rápidamente. León ya no estaba a mi lado, la sábana estaba fría, lo que significaba que se había levantado hacía rato. Acomodé mi pijama de franela gruesa que había usado toda la noche. Mi viejo pijama ya tenía el color desgastado, con un dibujo de un osito simpático en el pecho. Este pijama lo había usado desde hacía cinco años, era el único que todavía me quedaba.
Salí de la habitación