XX. Secuestro
Cada una de sus palabras hicieron eco en mi cabeza, haciéndome sentir un miedo tan intenso que no me permitió emitir sonido alguno, ni siquiera fui capaz de alejarme de él cuando hizo el intento de acercarse a tocar mi mejilla.
Mi corazón latía con demasiada fuerza, y los nervios fluyendo por todo mi ser se concentraron en mis manos que no dejaban de temblar. El dolor que sentía en el cuerpo y de cabeza incluso quedaron en un segundo plano ante su mirada, que ahora no escondía la malicia y la p