LXVI. Nunca lo olvides
Nada fue fácil, en realidad, ¿quién dijo que lo sería? Los primeros días de trabajo quería salir corriendo y esconderme de todo el mundo, pero me daba fuerzas a mí misma para no dejarme vencer tan pronto. No iba a renunciar y retroceder todo el progreso que, aunque lento, estaba teniendo.
Cada día me convencía a mí misma que no todas las personas que se me acercaban eran malas o buscaban alguna segunda intención en mí. Me decía que debía confiar y no temer por más que me dieran una sonrisa amab