Lorenzo se sorprendió al ver a Gregorio, ¿no era él el hombre al que Yelena le pidió que cobrara la deuda?
—Jeje, la terapeuta número tres es realmente excepcional. ¡Supera a las principales de otros salones de masajes!
Gregorio, al ver a Quimera, le brillaron inmensamente los ojos de inmediato.
—¡Demonios! Déjamela a mí, ¡puedo divertirme con ella durante un año entero!
Lorenzo, al escuchar eso, frunció con rabia el ceño y dijo: —Señor, ellas son terapeutas de aquí, no son prostitutas callejera