Helena también estaba un poco escéptica: —Hijo, esto suena un poco irreal.
—¡Créeme, mamá!
Lorenzo tenía una expresión sincera.
Helena miró el rostro sincero de su hijo y dijo con determinación: —Bien, confío en ti. ¡Tú tomas las decisiones!
Lorenzo redactó un documento y se los entregó, diciendo fríamente: —Firmen, esta antigua casa y tierra ahora les pertenecen. ¡Nuestra familia ya no les debe nada!
Al ver esto, Guillermo se sintió encantado y rápidamente firmó con su nombre.
—¡Jajaja! ¡Buen